Francisco Míguez Fernández, salesiano presbítero

El primer salesiano víctima de la persecución religiosa en Málaga fue don Francisco Míguez. Había nacido en Corvillón, Orense, el 9 de febrero de 1887. Tras estudiar dos años en el seminario diocesano, invitado por don Dionisio Ferro, ingresó como aspirante en la casa de la Santísima Trinidad de Sevilla. Allí mismo hizo el noviciado y profesó como salesiano en 1907. La ordenación presbiteral la recibió en el santuario de Loreto de Espartinas (Sevilla) en 1916.

Su apostolado sacerdotal lo inició en la misma casa de la Santísima Trinidad y lo continuó luego  en Écija y Málaga donde, desde el curso 1921-1922, se encargó de los artesanos y luego del oratorio festivo y las escuelas populares hasta su muerte martirial en 1936.

El 21 de julio, cuando volvía de celebrar la eucaristía a las cinco de la mañana en el Psiquiátrico de Señoras cercano a San Bartolomé, don Francisco pudo escuchar la detonación provocada para indicar que debía comenzar el asalto al colegio.

Tras poder salir de la prisión el día 23 de julio, permaneció en el hotel Imperio hasta el día 15 de agosto, cuando con el pretexto de un registro, delatado por un empleado del hotel, lo apresaron, demostrando –en palabras de un testigo- “una presencia de ánimo, soportando, pacientemente, los insultos, y respondiendo siempre con palabras cariñosas.”

Conducido al lugar llamado “Camino de Suárez”,  dispararon contra él, y como seguía aún con vida, rodearon su cuerpo de chumberas secas y hojarascas, prendiéndole fuego, mientras algunos le hacían objeto de horribles profanaciones. Al día siguiente, apareció su cuerpo con algunas partes quemadas.

Es unánime el juicio de los testigos: “Todo el barrio de Capuchinos, lamentaban la muerte de don Francisco diciendo: ‘Han matado al padre de los pobres’... Da la impresión de que era el más buscado, por ser el más popular a causa de su beneficencia”.